El Mundial tiene la capacidad de colarse en nuestra rutina y recordarnos algo muy poderoso: nuestras raíces, el lugar del que venimos y el sentimiento de pertenencia a una comunidad.
Pero ¿cómo consigue un torneo de fútbol generar una conexión emocional tan fuerte con millones de personas en todo el mundo?
CÓMO CONECTA EL FÚTBOL
Veas fútbol o no, sabrás que el Mundial ya está aquí. Lo habrás visto en redes sociales, en las latas de Coca-Cola, en anuncios y hasta en esa camiseta blanca de España que parece haberse convertido en el uniforme oficial del verano.
La explicación no está solo en el entretenimiento que nos da el deporte. También está en el branding y la imagen. Detrás de cada cartel, cada pieza audiovisual, cada aplicación digital y cada elemento gráfico existe una estrategia diseñada para convertir una competición deportiva en una experiencia cultural global.
Este año, la FIFA ha apostado por una identidad visual que va más allá de un único logotipo. Cada ciudad anfitrión y su estadio cuentan con elementos gráficos propios para distinguirse entre los demás.
LA IMAGEN ACTUAL
El branding deportivo tiene una misión compleja: representar la energía de la competición, pero también generar una conexión emocional con millones de personas. No basta con diseñar un logotipo atractivo. Es necesario construir un sistema visual completo que funcione en estadios, retransmisiones, redes sociales, merchandising y experiencias digitales.
Este año se ha optado por un logo moderno y simple. Además es la primera vez que se aprecia en el logo una imagen de la copa. Este diseño ha generado muchas quejas y opiniones negativas, porque según los críticos no representa la energía y la emoción del mundial. Si no que parece más un logo empresarial, sin personalidad. Si lo comparamos con los logos de los años anteriores, el actual puede parecer que se ha hecho sin la intención de mostrar la personalidad de México, Estados Unidos y Canadá.
UN MUNDIAL, TREE CULTURAS
A diferencia de las ediciones anteriores, el Mundial 2026 no representa a una sola nación anfitriona, sino a tres países con culturas y públicos diferentes.
Desde el punto de vista del branding, esto supone una tarea enorme: crear una identidad visual capaz de unificar experiencias muy distintas bajo una misma narrativa.
Cada ciudad aporta una identidad diferente y elementos culturales que hay que tener en cuenta, porque los fanáticos se tienen que sentir identificados con la imagen que se les adjudica. En una edición repartida entre tres países y múltiples ciudades, la FIFA parece haber apostado por una marca más flexible y adaptable.
Una decisión que cada vez se ve más en el mundo creativo, para tener un nivel alto de inclusión. Como dice el eslogan del mundial: “We Are 26” ( Somos 26 ).