¿Realmente son tan diferentes?
En los últimos años, la inteligencia artificial ha transformado la forma en la que creamos imágenes. Hoy es posible generar en cuestión de segundos carteles, portadas de libros, campañas publicitarias, portadas de discos o incluso propuestas de identidad visual. Con una simple descripción, cualquier persona puede obtener un resultado visualmente atractivo sin necesidad de dominar herramientas de diseño.
Pero, precisamente por esta facilidad, surge una cuestión cada vez más interesante: ¿por qué muchos diseños generados por inteligencias artificiales terminan pareciéndose entre sí, aunque hablen de temas completamente diferentes?
Un cartel sobre una película de ciencia ficción, una portada sobre ecología o un anuncio musical pueden presentar conceptos diferentes y compartir una estética similar, caracterizada por colores intensos, iluminación cinematográfica, fondos desenfocados, composiciones equilibradas y acabados pulidos.
La IA puede generar una enorme variedad de imágenes, pero eso no significa necesariamente que esté generando una enorme variedad de lenguajes visuales.
Una estética que se repite
Al observar diferentes imágenes creadas con inteligencia artificial, es fácil detectar ciertos patrones.
Uno de los más evidentes es el uso de colores muy saturados y contrastados. Los tonos azules, morados, rosas y naranjas aparecen con frecuencia, especialmente cuando se busca transmitir una sensación moderna. También son habituales los degradados, los destellos y las luces intensas.
La composición suele ser equilibrada, con el elemento principal en el centro y el resto organizado a su alrededor. Además, la IA recurre frecuentemente a una estética cinematográfica, con iluminación dramática, sombras marcadas y profundidad de campo, creando un lenguaje visual reconocible y repetitivo.
El contenido cambia, la estructura permanece
La IA puede crear imágenes sobre temas muy diferentes, como el cambio climático o la inteligencia artificial, pero muchas veces utiliza estilos parecidos: fondos oscuros, luces, partículas y colores como el azul o el violeta.
Esto nos hace preguntarnos si la IA realmente crea diseños nuevos o combina elementos que ya conoce.
La IA aprende a partir de muchas imágenes y reconoce patrones que se repiten. Además, nuestras propias palabras también influyen. Términos como “moderno”,
“profesional” o “cinematográfico” hacen que la IA genere imágenes siguiendo estilos que ya asociamos con estas palabras.
Un experimento para comprobarlo
Para comprobarlo, podríamos hacer un experimento sencillo: crear carteles sobre cinco temas diferentes, como un festival de jazz, el cambio climático, una película de ciencia ficción, una novela romántica y una exposición de arte medieval. después, compararíamos los carteles para ver si se repiten cosas como los colores, la composición, los fondos o la iluminación. Seguramente encontraríamos bastantes similitudes.
Luego, podríamos repetirlo usando instrucciones más específicas y estilos diferentes para ver si esas similitudes vienen de la propia herramienta o de cómo la utilizamos.
¿Estamos ante una nueva forma de diseño?
La inteligencia artificial hace que crear imágenes sea mucho más fácil y rápido, incluso para personas que no saben mucho de diseño. El problema es que, si todos usamos las mismas herramientas y damos instrucciones parecidas, podemos acabar creando imágenes muy similares.
Por eso, la creatividad no depende solo de la IA, sino de cómo la usamos nosotros. Probar cosas diferentes, salir de lo típico y usar referencias menos comunes puede ayudar a conseguir diseños con más personalidad.
En resumen, la IA nos da muchas posibilidades, pero depende de nosotros aprovecharlas para no acabar haciendo todos los mismo.