El mundo de la publicidad es un mundo sumergido en una mutación constante, a diario nos encontramos con nuevos modelos y nuevas técnicas que mejoran nuestra forma de hacer publicidad, y todo ello para conseguir que aquello que comunicamos llegue de una manera más eficaz al público al que nos dirigimos.

 

Nuestro público cada vez está más educado, es menos dúctil a los impactos publicitarios que recibe, se ha acostumbrado a filtrar los mensajes que le rodean. Llegar a nuestro target ya no es solo una obligación, sino que se ha convertido en todo un reto.

La publicidad exterior en los últimos años ha venido reflejando esta tendencia. A nadie se le escapa que el impacto de una valla publicitaria no se calcula igual que el impacto de un spot en televisión. En el primer caso, es la valla la que reclama la atención de la audiencia, mientras que en el segundo es la audiencia la que reclama la atención del anuncio. ¿Pero qué garantiza el éxito de mi valla o de mi anuncio? Hace algunos años, cuando todos éramos un poco más “vírgenes” en esto de la publicidad, el simple hecho de anunciarse ya era garantía de éxito. Las vallas publicitarias en aquel entonces nos parecían gigantes, mirábamos escépticos e ilusionados a partes iguales, como cuando un niño mira algo por primera vez. Con el paso del tiempo, las vallas se fueron multiplicando y la atención de la gente se fue dividiendo.

Pensando en la publicidad exterior que se hace hoy en día, podemos ver cómo hemos evolucionado, nos integramos en el entorno y nos importa el cómo, pero también el dónde. El dónde cada vez es más importante, no solo para dar con el target adecuado, sino para aprovecharnos de un posible marco o espacio que complete nuestro mensaje. Y si hablamos de mensaje, el cambio es radical. Pasamos de la razón a la emoción, buscamos la cercanía, empatizar con los posibles receptores.

 

Las vallas publicitarias deben rendirse cada vez más a la creatividad para atrapar la atención del público, sigue predominando el formato rectangular, aunque ya no es un imperativo. En la actualidad, de hecho, ya no podemos hablar de la publicidad exterior como un formato estático, hemos cambiado materiales y técnicas, desde el uso de pantallas hasta la planificación de campañas partidas en varias fases. Todo ello ha ayudado a dinamizar un sector que ha encontrado en la diferenciación a su mejor aliado.

 

Así pues, la publicidad exterior sigue su propio camino con pasos firmes y una clara consigna: renovarse o morir. Y es que en el fondo, a todos nos gusta que nos sorprendan con una buena idea.