La publicidad es algo que nos marca de una forma indirecta en nuestra rutina diaria, y es que cada vez el consumidor está más capacitado para descifrar los mensajes publicitarios y los publicistas estamos más preparados para enviarlos con la certeza de que el mensaje se será captado.

Sin embargo, ya hemos comentado en alguna ocasión que hay algunos sectores de público a los que es más productivo dirigir nuestra publicidad, en este caso que nos ocupa estamos hablando de los niños, que deben ser especialmente tratados debido a su gran vulnerabilidad.

La Navidad es conocida principalmente como una época del año para compartir momentos y regalos con la familia, también entran en acción Papá Noel y Los Reyes Magos, por lo que las compras son un papel fundamental.

Los niños necesitan un estímulo, una pequeña “pista” que les ayude a decidirse por el regalo que le pedirán a las Navidades, y la publicidad es esa pista. La televisión, los carteles, los catálogos de juguetes, una foto de un niño jugando es suficiente para que se decidan por un regalo en concreto.

Son personitas que pecan de caprichosos, y a la familia en la medida de lo posible le gusta complacerle, por eso, la publicidad dirigida a los niños en estas fechas es tan necesaria.

Además, cuando un niño “quiere” un juguete o producto que ha visto en cualquier sitio, lo más probable es que si está de moda se convierta en una reacción en cadena, es decir, que todos sus amiguitos del cole decidan que también lo “quieren”.

¿Pero qué tipo de publicidad dirigida a los niños podemos encontrar?

Ejemplarizante: hablamos de publicidad que enseña valores y comportamientos a los menores de edad, como por ejemplo puede ser la actitud negativa hacia el consumo de drogas, el consumo de frutas en la alimentación, etc.

Consumista: cuyo único objetivo es conseguir un récord de ventas, buscan convencer a los pequeños con sus productos, eso sí, siempre cumpliendo con las normativas legales respecto a las piezas y demás detalles.

Se trata de los más peques de la casa, por lo que los padres sí exigirán esas normas y se informarán de qué puede aportarles a sus hijos el producto que van a comprarles.

Lo cierto es que es relativamente “fácil” convencer a ese público pequeño, porque aunque cada vez se vuelven más exigentes en sus peticiones, lo cierto es que el marketing ha avanzado mucho en ese aspecto y existen técnicas especializadas en estos casos.