Bueno, después de la caída de servidor que hemos sufrido por culpa de la empresa de Hosting, del que prefiero no hablar aquí, volvemos a entrenar nuestra Creatividad con otro ejercicio.

Recuerda que, en el artículo anterior “Comienza a entrenar tu capacidad Creativa”, hablábamos acerca de que la rutina es uno de los peores enemigos de nuestro plano creativo  y cómo podemos romper con ella de forma consciente para, así, descubrir nuevas formas de percibir y/o abordar tareas comunes.

Pues bien, otro aspecto fundamental que nos “bloquea” la capacidad creativa y que está estrechamente ligado al anterior es la forma en que percibimos los objetos. A lo largo de nuestra vida, aprendemos para qué sirven las cosas y nos labramos una idea sobre ellas. Esto nos lleva a que, automáticamente, cuando vemos un destornillador lo asociemos a ciertos procesos como, por ejemplo, desatornillar o atornillar un tornillo (¿verdad que soy muy ingenioso? :p). Si vamos un poquito más allá, diré que asociamos el destornillador con tareas de bricolaje o que sabemos que es una herramienta. Esto es “tan así” que, si vemos un icono de un destornillador en una página web, sabemos que es un botón asociado a “herramientas” o “utilidades” y que nos permitirá realizar determinadas tareas en esa misma web.

El bloqueo mental que esto supone se ve de manifiesto con el proceso inverso. Fíjate en esta deducción lógica:

¿Cómo se abre una puerta? -> Con una llave -> No tengo una llave, luego no puedo abrir una puerta.

¿Te das cuenta? El hecho de saber que una llave es indiscutiblemente el objeto que sirve para abrir una puerta nos lleva a sentirnos limitados en ese sentido cuando no disponemos de ella (Vale! Exagero un poco!).

Creo que ya queda claro el concepto. Solo una cosita más: MacGyver era un tipo muy creativo

Vamos a "tontificar" objetos.

Haz este ejercicio tal y como te lo digo, sin preguntarte el por qué y sin cuestionarlo.

Antes de empezar, necesitas:

  • Papel y boli.
  • Un cronómetro con cuenta atrás programado en 10 segundos.
  • Estar en algún sitio donde haya muchos objetos (oficina, despacho, cocina, etc.).

Ahora, sigue estos pasos:

  1. Levántate, anda unos pasos, coge un objeto al azar y vuelve a la pantalla.
  2. Escribe en el papel para qué sirve ese objeto (puedes incluso decir tres usos que podrías darle).
  3. Dale la vuelta al papel.
  4. Ahora debes escribir 10 usos que puedes darle a ese objeto. Escribe lo primero que se  te ocurra pues solo tienes 10 segundos para cada uso. Una vez escrito uno, vuelves a activar el contador y tienes que escribir otro hasta 10. No puedes emplear más de 10 segundos. Intenta escribir lo primero que te venga a la mente, por disparatado, inútil, divertido o lo que sea que te parezca.
  5. Repítelo con un par de objetos si te apetece pero no más, no te canses. Si quieres, puedes hacerlo un par de veces por semana, cuando te sientas relajado.


Hasta aquí el artículo de hoy. Soy consciente de que éste es un ejercicio muy común entre los que han estudiado creatividad alguna vez y que no aporto gran cosa. Sin embargo, si no lo has hecho nunca, descubrirás que es un ejercicio divertido y que, posiblemente, te sorprendas a ti mismo. Sería genial si decidieses compartir, como comentario aquí, tus experiencias y resultados. ¡Hasta el próximo!